Ramón Navarros,
El lado salvaje del Paraíso.
Por: Álvaro Serey
Ramón estaba a punto de lograr la victoria. En el fondo, él sabía que no podía darse el lujo de dejar pasar esa ola por muy grande y difícil que fuese. Ella, aquella perfecta combinación de agua salada, viento e intensidad, que llegó justo cuando el marcador le favorecía y los nervios iniciales ya quedaban atrás. El pichilemino remó con todas sus fuerzas esa ola, tal como le enseñó su primo Elvis, en Punta de Lobos, hace ya 25 lejanos años.
Ese domingo de Junio del 2007 el mar lo había premiado, le arrojó una ola a los pies y no las desperdició; fue gracias a ella que pudo dejar al gringo, nueve veces campeón del mundo, con un sabor amargo entre sus dientes y una sensación de derrota en su corazón; sobre todo porque ese día en particular su presentación era intimidante para cualquiera, pero aún así no le alcanzó. El chileno estaba imparable, a él no le importó estar corriendo olas de siete metros, tener un dedo del pie roto, o que el fondo de esa playa estuviese lleno de rocas afiladas. Todo éso era secundario, ya que por primera vez los sudamericanos tenían reales oportunidades de vencer en un torneo de la Asociación Profesional de Surf a los experimentados australianos y americanos, los mismos que aparecen en revistas de deportes extremos y en videos especializados… los mismos que se veían inalcanzables.
El día de la final en Arica, todo el mundo estaba pendiente de Ramón Navarros, capitán de la Escuadra Latinoamericana. Todos y cada uno de los habitantes de Arica estaban sintonizados con la transmisión del torneo que se emitió en vivo por Internet y por radio. En síntesis, todo el mundo escuchó la final. Si hay alguien que no la siguió es porque no le importa ser un don nadie, porque todo aquel que se auto califique como surfista estaba rezando porque Ramón logrará bajar semejante ola, la que sólo un desquiciado como él tenia los cojones para poderse tirársela a cinco minutos del fin del encuentro. Esa hazaña dejó boquiabiertos a los presentes, los que sin duda estaban presenciando una de las sesiones más épicas del surf en Chile.
Después que Ramón bajó la ola, logró conectarla con un tubo glorioso, que bordeó lo sublime… es que ese monstruo de siete metros mostró al mundo en plenitud la belleza del Pacífico Sur y lo que es capaz de arrojar en un buen día si las condiciones se presentan favorables. Luego de semejante hazaña del chileno, el americano supo que había perdido, por lo que no fue capaz de surfiar otra ola. Así, Kelly Slater perdió la última oportunidad de ganar el torneo con tres o cuatro carreras desastrosas. Sumando a las malas corridas del norteamericano un viento norte que desordenó el mar, el gringo arrugó su frente viendo como el campeonato se alejaba volando, frente a un chileno del que nadie había oído hablar, pero que lograba arrebatarle la victoria al corredor que había llegado como favorito.
Una vez que el árbitro tocó su sirena y se entregó la puntuación oficial de los jueces Arica estalló en festejos. Todo eran alabanzas para el chileno que se alzaba con la copa, la infaltable champaña y los flaches que no tardaron en llegar. Los periodistas encargados de cubrir el evento parecían moscas agolpadas frente a un Navarro atónito. Entremedio de toda esa batahola humana se encontraba la señora Gema López, madre del campeón, ubicada en un improvisado palco que los organizadores les habían otorgado a los familiares de los corredores. Junto a ella se encontraba Cristian Merello, pupilo, aprendiz y mejor amigo del pichilemino. Él junto con navarro compartían el honor de ser los dos chilenos convocados para el certamen, pero lamentablemente Merello tuvo que abandonar la competencia tras caer de una ola y lesionarse su rodilla. Doña Gema irradiaba felicidad por la hazaña de su hijo, pero le incomodaba de sobremanera que su silla estuviese tan cerca de los grandes parlantes del team de Coca Cola, los que durante los siete días que duró el certamen no pararon de bailar y regalar bebidas, bajo el fuerte ritmo de los tambores reggae del legendario Bob Marley.
Tras la entrega se dio paso a la fiesta de clausura, en la que durante toda la noche los asistentes se pasaron hablando del logro obtenido, y llegaron a la conclusión que con esta victoria se había comprobado que pese todas las trabas que afectan a los deportistas nacionales, en Chile los sus surfistas tienen nivel internacional. Es más, no faltó el avezado que declaró que cualquier muchacho que surfea en Pichilemu, con una tabla de segunda mano, reparada y sin traje tendría de aquí a unos años más la capacidad de aplastar a cualquier australiano con una sola mano…
Y de trabas sí que saben bien los surfistas locales. Ellos pueden ser derrotados, pero continúan parándose, olvidándose de todo; están acostumbrados, la mayoría han sido pisoteados y avasallados toda su vida; cualquiera que te cruces por las calles de Pichilemu te contará que ha sido la misma historia durante los más de treinta años que lleva este deporte en el suelo nacional. La falta de auspicios, las pérdidas de dinero son los temas de siempre, por lo que se siente una evidente repulsión por la falta de preocupación de las autoridades por fomentar el deporte y los empresarios que solo buscan el lucro.
Tan pronto como se evapora la parafernalia que trae una competencia de esta envergadura y decae la atención por este deporte, los surfistas toman sus tablas, recogen sus húmedos trajes y vuelve la música reggae a sonar por las playas. El hit del momento es Bang Hugo y los Lionaries con el single titulado “Rasta no Born Yah”, que fue número diez en las listas de aquella semana. En el surf todo el mundo se conecta con la misma música, ella es la que marca al igual que el mar un ritmo espasmódico. En Pichilemu, cuna del surf en Chile, todos tatarean el ritmo, y de un modo u otro todo el mundo, desde los niños de cinco años de edad hasta los “viejos lobos de mar”, esperan sentados en la playa que entre la esperada marejada. De éste modo, mientras la esperan, todos se enganchan con la marea bajo una misma pulsación marcada por los tambores reggae.
El surf, en esta ciudad, se ve por aquí y allá. En cuanto asoma el primer rayo de sol ya hay alguien despierto vigilando si el mar esta saliendo bueno; todo porque es una pasión que mueve a esta gente, es este tipo de sentimiento el que ha hecho que a Ramón se le acelere su corazón cada vez que está en la playa, desde pequeño, cuando iba a recolectar mariscos junto a su padre Juan Navarro, un experimentado pescador dueño de La Golondrina, su embarcación y compañera de trabajo por más de cuarenta años. Es ahí donde Ramón creció recolectando mariscos, codo a codo con su padre; es ahí donde le perdió el miedo, pero nunca el respeto al gigante azul.
La pasión que siente la gente de mar, los obliga a meterse todos los días, no importa si esté nublado o con sol. “El surf es el lenguaje básico del pichilemino pobre; y casi todo el mundo en Pichilemu es pobre” cuenta Navarro, explicando éste movimiento en su pueblo natal.
Cuando se es pequeño y no tiene nada que hacer, lo mejor que puedes hacer en un lugar como Pichilemu es matar el tiempo a bordo de una tabla, remando por la playa principal, la que de vez en cuando arroja buenas olas. Ahí puedes pasar todo el día fermentando en la playa junto a tus amigos y de pasada te bajas unas buenas olas; eso o te vas a la calle principal del pueblo, a una especie de tienda-almacén de discos, la que tiene un montón de altavoces armados de forma rudimentaria en los que suena a todo volumen los Wailers, los Petos y Bob Marley. El reggae que se oye en todo el lugar es tribal, simple y sólido al igual que la gente que ahí vive. Después de cada sesión al atardecer se arma un fogón, en la escuela de surf de Elvis Muñoz, quien tiene el mérito de ser el primer Pichilemino en ganar un torneo de nivel sudamericano. Él es el primo mayor de Navarro, y fue quien le regalo su primera tabla, hace ya 25 años. Fue él quien le enseño lo básico a Ramón, el que asegura orgulloso que gracias a su primo se motivó para llegar a donde está. No fue fácil, Pichilemu nunca lo ha sido, prueba permanente de ello es una cicatriz blanca y grande en el párpado izquierdo, que se la hizo a los quince cuando chocó con el fondo probando una tabla nueva, la herida que le recuerda lo que arriesga cada vez que entra al mar, según nos comentó.
La escuela del Elvis, es un punto de reunión en donde comentan las mejores olas del día; ahí, mientras te se sacas tu trajes y el sol te brinda un atardecer de película, se crea una conversación junto al fuego en la que todos surfistas participan de manera sumamente concentrada; los más viejos critican la técnica de los más nuevos, otros opinan y algunos simplemente escuchan, es un ritual.
Es en este lugar en donde Ramón hace algunos años atrás se fue ganando el respeto de los más viejos y la admiración de sus pares. Él fue pionero en correr olas grandes y de mover de esta forma los límites. Demostración de ello es que Ramón fue uno de los primeros en surfiar en Punta de lobos con marejada; cuando nadie se metía, él iba directo al cacho, a la zona critica. Ahí salen olas en las que no puedes equivocarte, ya que arriesgas mucho. Si fallas, te estrellas contra el mar, que a casi 40 kilómetros por hora es como al suelo, rompes tu cuerpo y tu tabla. Por lo mismo, no fueron pocos los surfistas que quedaron maltrechos en los sendos accidentes que ahí se produjeron; algunos se fracturaron y otros nunca más se metieron al agua por la fuerza del impacto, pero eso es lo que convierte al surf en un deporte de cojones, de agallas, de valentía. Cualquier cosa, cualquier loco riesgo inútil, cualquier manera de ser mejor que el último, de lograr eclipsarlo, y que demuestre tu inmutable frialdad es bien mirado por tus pares, cuando llega tu ola tienes que estar preparado y no intimidarte.
Es esta facultad la que ha ido creando de a poco el mito de Navarro, ya que él, pese al porte de la ola, no parece perder nunca la posición, ya que posee una calma en su mirada que es capaz de parar el tráfico sólo con la abrumadora autoridad de su imagen.
Los surfistas de Pichilemu en su mayoría no han terminado la escuela media y no pueden conseguir trabajo, aunque la mayoría de las veces no lo hacen simplemente porque no quieren. No les importa a no ser que quieran cambiar su desgastado traje o necesiten monedas para reparar su tabla, a ellos el dinero no les interesa. Son demasiado listos y van en su rollo - están más ocupados en la búsqueda de una buena ola que para conseguir un trabajo-. Sólo de vez en cuando, se hacen algo de dinero extra manejando el popular banano durante el verano. De ésta forma pasan todo el día en la playa y además logran conocer a las santiaguinas solteras que abundan en esa época.
Esta reinante falta de preocupación era la principal inquietud de la señora Gema López, la que desde pequeño le pedía como requisito a Ramón cumplir con las tareas del colegio si es que deseaba ir a surfiar. Ramón a duras penas lo hacia, pero cumplía al fin y al cabo. Es por eso que al terminar cuarto medio, pese a que Ramón deseaba dedicarse al surf de manera profesional, optó por cumplir el deseo de sus padres y continuó estudiando. Así, decidió inscribirse en la carrera de Gastronomía en el Duoc de Santiago. Durante esos cuatro años el pichelemino sufrió la falta de no tener el mar cerca, pero también durante este periodo hizo fuertes lazos con Jorge Órdenes, dueño de la tienda Surfers Paradise, la que a la larga se convertiría en su primer auspiciador, con ello se pudo costear sus primeros viajes al extranjero y en definitiva por fin pudo cumplir su gran sueño ser un surfista profesional.
En Pichilemu, de vez en cuando, algún surfista locale sube y se vuelve profesional, al igual que Ramón. Todos los surfistas connotados como Diego Medina, NachoVargas y Cristian Merrello, salieron de la misma playa, lo que mantiene las esperanzas vivas, más ahora que ha salido la película Chile Oculto, que la que reúne a los mejores exponentes nacionales.
El estreno de esta película puso de buen humor al pueblo completo y movilizó a todos los surfistas de la zona. Incluso a la inauguración llegó el alcalde de Pichilemu, Marcelo Cabrera, quien no tenía buenas relaciones con la gente, ya que estaba siendo investigado por fraude al fisco y un año más tarde fue declarado culpable; pero eso a nadie pareció importarle, ya que el estreno superaba la coyuntura momentánea. A la exposición llegó la parte alta de la sociedad de Pichilemu y Santa Cruz; aún así los surfistas se movilizaron y acudieron con tal júbilo y fuerza que las puertas del Hotel Ross cedieron ante su masa. Entraron al teatro y se apelotaron como pudieron en un número de tres por asiento, esa noche todo el pueblo se volvió loco, el recinto fue un infierno con tintes de inusitado júbilo.
Chile Oculto viene a significar para los surfistas lo que Rebelde sin causa significó para los delincuentes juveniles o Easy Rider para los paranoicos come ácidos de los setentas. Es la historia de un grupo de chicos de la periferia que son pisoteados por la sociedad en que viven, se pasan el día pateando piedras hasta que les llega la oportunidad de surfiar y comienzan a ganar torneos, llega la fama, las revistas y el dinero, pero este se reparte en gran medida entre los empresarios y revistas, y los surfistas se quedan con lo justo, así es como funciona el negocio del surf en Chile; hasta ahora ha sido siempre una mezquina operación a merced de uno o dos magnates que controlan el negocio, y si los acusas o te pones en su contra te cierran el negocio. Sólo unos pocos, como Ramón Navarro, han podido llegar al número uno a punta de talento y mantenerse con un discurso que no transa. Es por ello que cuando llega su parte en el video la sala estalla en aplausos.
Chile Oculto fue escrita, producida y dirigida por Cristian Merello, un surfista respetado por la comunidad, pero de origen adinerado lo que despierta recelo por parte de algunos surfistas. El filme es una película impetuosa, la primera hecha en Pichilemu, uno de esos heroicos esfuerzos independientes, que costó dos años de realizar, lleno de frustraciones y unas pocas alegrías. La película relata la historia de la identidad del surfista nacional de la calle, ese que no nació con dinero y expone de forma digna los prejuicios a los que estos son sometidos. Merello nació dentro de la clase dominante de Pichilemu; su abuelo controlaba el Hotel Ross y el casino, su padre forma parte de la directiva de la administración regional. Pero Merello creció en el agua, y ahí se hizo de muchos amigos de los suburbios; vió cómo ellos pasan hambre y no pueden conseguir un trabajo digno. Es por ello que decidió grabar Chile Oculto, y de esta forma tratar de cambiar la percepción que tiene la población sobre los surfistas, a los que la comunidad no duda en catalogarlos de vagos y a los que no les reconocen ningún merito, pese a que gracias a ellos hoy el pueblo concentra a tanto turista. El film tiene como gran mérito darle una luz de esperanza a los que están ahí estancados, pero que tienen las ganas de surgir.
Ramón no asistió al estreno. Y lo hizo como una forma de rechazo a las autoridades las que planean construir una carretera que pasará por pleno Punta de Lobos, con lo que se perderá la mística que envuelve a este santuario. Pichilemu es un pueblo pequeño. La economía del poblado se nutre esencialmente de los turistas, los que dice Navarro, solo son gente tan aburrida que están deseando gastarse un montón de dinero por ver cómo un hijo de pescador descalzo puede vivir en libertad y ser feliz, alimentándose de lo que seca de los árboles y del mar, en perfecta armonía con las olas, el viento y las estrellas, esa simplicidad les sorprende.
Su esencia de ermitaño lo hace fuerte, y es por ello que cuando egresó de Gastronomía se puso a trabajar de inmediato; no tardó en ganar sus primeros campeonatos y con ello logró juntar el dinero suficiente para que en 1998, dejará la casa de sus padres y se fuera a vivir a Punta de Lobos, a una casa que levanto prácticamente con sus propias manos, él junto con unos amigos con picota y cemento montaron una casa en un lugar donde no había nada, durante una época en la que realmente eran pocos los que vivían fuera del pueblo. Pocos hubiesen creído la atención que actualmente suscita este santuario, el que hoy se llena de parafernalia y de turistas, los que se mantenían alejados, ya que por mucho tiempo nadie concurría a esa playa por que se consideraban aguas peligrosas para el baño, pero hoy parece a eso nadie importarle, mucho menos al centenar de visitantes que llegan ahí a diario y que tanto incomodan a los locales.
Ramón es de esos que se la pasa todo el día en Punta de Lobos, limpiando la playa o en el agua, es en esta faceta que sale a relucir su esencia rastafari, esa que lo lleva a profesar un código de conducta estrictamente nazareno: no bebe alcohol, no come carne, vive comunalmente, reparte lo que tiene y no roba. Cumple su deber cristiano de ser bueno con el prójimo, eso lo llena de orgullo.
Es esta motivación constante por preservar el medio ambiente la que lo motivó en el 2005 a ser la cara visible en contra del plan de Alcantarillado y Tratamiento de Aguas Servidas que impulsaba la municipalidad; proyecto que contemplaba construir un ducto submarino que desembocaría en de forma directa en la playa principal del balneario, lo que a fin de cuentas mataría el surf y a los pescadores. Esta reforma desde el primer minuto fue rechazada por la comunidad, pero fue gracias a la gran cantidad de actos, recolección de firmas y protestas, que la medida fue rechazada. Según Navarros toda esta situación sólo dejar en evidencia la mala gestión ambiental que posee chile.
Hoy en día, Ramón sufre de una rebelde lesión que le afecta su pierna izquierda, es ella la que lo ha mantenido alejado de las competencias, pero que le ha fomentado a cultivar su faceta de organizador y productor de eventos ligados al Surf. Es por ello que este año, gracias a su gestión, se llevó en abril el torneo del Ceremonial en Punta de Lobos, el que ahora cuenta con categoría de nivel mundial. A este torneo llegó Kelly Slater, su rival en la final del torneo hace unos años atrás, a su arribo, cuando Navarros lo recibió en su hogar, el americano le dijo en su mal español: es un honor. Y según cuentan los presentes Navarros se emocionó. Actualmente Ramón es más que un surfista. Él simboliza para toda una generación un ejemplo de persona tanto dentro como fuera del agua, y si bien hoy no está dentro del mar, sus hazañas y ganas continúan motivando a las generaciones nuevas y viejas a meterse con fuerza y respeto al mar.* Por todo esto es que el surf es más que olas, tablas y reggae. Es una forma de vida, una adicción a la adrenalina, y un camino de convicción personal y respeto por todos aquellos que disfrutan esta actividad llena de compañerismo y amistad.